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EL MATE Su nombre, “mate” es castellanización del vocablo quechua mati que significa vaso. Poro y Porongo, son, también, castellanizaciones de los vocablos quechuas puru y purungu, que se refieren en general a la calabaza y el segundo en particular a la de dimensiones mayores.
Concretando,
desde remotos estados culturales, incluso anteriores a la labor de los metales
(cobre, plata, oro), las culturas aborígenes de las áreas costeras del
noroeste y el oeste de nuestro país utilizaron las cortezas secas de los frutos
de la calabacera para los más diversos usos. Posee
formas suaves, rotundas
y llenas, y tiene un color entre opacado y brillante (mate, precisamente). Se utilizan diversas técnicas en la decoración de la corteza de los "mates", por ejemplo pirograbados, negativos, burilados, pictograbados, teñidos.
Con la conquista se unieron dos grandes corrientes culturales, la incaica y, la guaranítica y con ellas, la calabaza, "mate" y la “yerba"; la corteza del fruto seco de la "lagenaria vulgaris" con la infusión de las hojas machacadas y tostadas del "ilex paraguariensis". Los mates reciben de Perú la estupenda artesanía peruana: el pirograbado, el burilado, la aplicación de ornamentos de metal precioso. De las bellas artes populares guaraníticas sus elaborados vivos y la vieja tradición paraguaya de atar con fibras vegetales a los “mates", en el período de maduración del fruto, imprimiéndoles así hermosas y vistosas deformaciones lobulares, como así también los esterillados o tejidos con fibras vegetales, sustituidos en el área platense con tientos (finos hilos de cuero crudo) que cubren parte o la totalidad de la calabaza. A estas viejas técnicas de decoración de origen indo americano han de ir sumando, al correr los tiempos, nuevos modos, motivos, materiales y diseños aportados por los europeos.
En
el área platense, el material predilecto para múltiples tareas artesanales fue
la guampa, que sustituyó a la madera o al "cocobolo" en la
confección de labrados mates. Como
a sus antecesores de “lagenaria", se les coloreó muy hermosamente.
No sólo los materiales varían; también los motivos o gustos en la
decoración. Los intrincados motivos geométricos, las simplificaciones y
esquematizaciones de hombres y animales pasan a ser sustituídas por motivos
florales y frutales y por paisajes y escenas enteras de carácter más o menos
naturalista. Esta habrá de acentuarse en
la decoración "gauchesca" rioplatense, de los mates de calabaza. Antiguamente
sólo se empleaban guardas y guirnaldas, algunas dedicatorias amorosas, unas
iniciales, dos corazones entrelazados. Luego se arrollaron los temas nativistas
en un arte ingenuo y no exento de atractivos: una doma, una yerra, dos criollos
mateando en el fogón y otros muchos, que incluyen, naturalmente, el rancho y el
ombú, o aún escenas y divisas de contenido patriótico-político. En
el ámbito rioplatense la artesanía de los metales preciosos alcanzó sus
cumbres reemplazando el mate tradicional de calabaza. La bombilla Algunas
versiones atribuyen el invento de la bombilla a los
indígenas en la época precolombina. Dentro de la serie de invenciones con que el indio fue mejorando la Yerba para consumirla en forma fácil y agradable,
está el "sapecado" (tostado), la trituración de las hojas, la
utilización de agua caliente v el uso del recipiente de calabazas con boca. Otra
tesis sostiene que los indios tomaban mate como infusión fría o casi
fría utilizando calabazas cortadas como cuencos, al medio. Para eso apretaban la yerba en un lado del recipiente,
presumiblemente con la ayuda del pulgar, y, apoyando el labio superior en el
otro extremo, sorbían de modo que tanto el labio como los dientes oficiaban de
filtro. En
las bombillas de plata se introdujeron numerosas variantes: el aplastamiento en
la boca de la bombilla para mejor sorber la infusión; los engrosamientos,
pasadores o virolas del mismo metal, para evitar quemarse los dedos; la forma
almendrada del "coco" para mejor manejar la yerba, ya que oficia de
bombilla y de "apartador" a la vez.
La
bombilla de lata fue, durante muchísimos años, la bombilla del pobrerío.
Era un tubo recto de latón, rematando en su extremo inferior por una
"almendra" perforada del mismo material. Las medidas eran más o menos
iguales que las bombillas de plata. Existe
un lenguaje del mate. En la sabiduría
popular expresa los estados de ánimo o los mensajes que se envían en silencio a
quien se le ofrece. Se manifiestan
por el cómo o el con qué se lo ceba.
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