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Consecuencias de la Segunda Guerra MundialComo
consecuencia de una hecatombe de tal magnitud surgieron muchos y graves
problemas. Entre los que reclamaban la máxima urgencia figuraban el
de abastecimiento y el judicial, para la resolución de los cuales
la Naciones Unidas habían tomado ya previsoras medidas. Abastecimiento
A
la terminación de la guerra, la situación alimenticia era verdaderamente
catastrófica, particularmente en los pueblos de la Europa central.
A los efectos destructores de la propia guerra en la economía, se
agregaba la carga de los 40 millones de personas desplazadas de sus
hogares y los 13 millones de huérfanos de guerra. Para remediar tan
inminente necesidad, las Naciones Unidas habían puesto en funciones
la UNRRA, con sede en Londres, como organismo encargado de la adquisición
y distribución de víveres en la Europa hambrienta, que cumplió con
verdadero éxito su difícil y humanitaria labor. El
problema de las responsabilidades
Los
extremos de crueldad a que se llegó en esta guerra y los asesinatos
cometidos por motivos políticos, así como los frecuentes delitos contra
la patria de que fueron autores ciudadanos de las Naciones Unidas,
crearon un nuevo problema jurídico. En las conferencias celebradas
entre los "tres grandes" se habían tomado acuerdos previsores,
que se hicieron públicos, y en ellos se prometía la satisfacción de
los sentimientos de justicia con el castigo ejemplar de los culpables.
Aparecía una nueva figura de delito: el crimen de guerra. En el orden
político, se nombró a las comisiones de desnazificación, para
Alemania y Austria, y las depuradoras del colaboracionismo, en los
países invadidos por Alemania. En el aspecto penal se nombró
a los tribunales castrenses. Los procesos más sensacionalistas fueron
los que se vieron en Nuremberg, contra los jefes nazis, y los que
se siguieron a los acusados por los crímenes cometidos en los campos
de concentración de Belsen, Dacha y Auschwitz. El 29 de agosto de
1945, la Comisión jurídica para el proceso de los principales
criminales de guerra, integrada por fiscales representantes de Estados
Unidos, Gran Bretaña, Francia y Rusia, publica ya la primera lista
de acusados, y, entre otros nombres, figuran: Goering, Hess, Ribbentrop,
Frank, Borman y Von Papen. El 20 de noviembre del mismo año comenzó
en Nuremberg el proceso, considerándose a los procesados responsables
de cuatro cargos principales: conspiración, crímenes contra la paz,
crímenes propiamente dichos y crímenes contra la humanidad. La mayor
parte de los procesados fueron condenados a muerte y ejecutados. El
17 de septiembre había comenzado ya, en Luneburgo, el Consejo de guerra
británico contra los criminales del campo de concentración de Belsen,
donde encontraron las tropas británicas 13.000 cadáveres sin enterrar.
Este proceso fue uno de los más sensacionales. El
problema económico
El
Plan Marshall. Al terminar la guerra, el Gobierno de los Estados Unidos
dio por agotada la vigencia de la ley de Préstamo y Arriendo, con
gran contrariedad para los países que estaban acogidos a tal beneficio.
Las naciones que habían sido tan profundamente afectadas en su economía
por la guerra, como Gran Bretaña, Italia y Francia, necesitaban dólares
para la reconstrucción económica, y solamente Norteamérica podía facilitárselos.
Ante esta ostensible necesidad, cuya satisfacción envolvía también
un problema político, el de los Estados Unidos para procurar el medio
de ayudar a los pueblos a levantar su economía y normalizar su vida.
Y en el importante mensaje que el 12 de junio de 1947 el presidente
de los Estados Unidos formuló ante el Senado y la Cámara de Representantes,
reunidos en sesión conjunta, dijo: "Creo que nuestra ayuda -a
los pueblos libres- debe revestir principalmente la forma de la asistencia
económica y financiera". De acuerdo con esta actitud del presidente,
el secretario de Estado, general Marshall, estudió un plan de ayuda
económica a la Europa hambrienta y destruida, que le permitiera ponerse
en condiciones de una reconstrucción económica completa y rápida.
Para esta empresa se calculó la cifra de unos 24.000 millones de dólares,
a desembolsar en un período de tres a cuatro años. Se invitó a la
URSS a participar de los beneficios de tal ayuda, pero Rusia rechazó
tal participación y siguió el llamado Plan Marshall con manifiesta
hostilidad. En julio del mismo año se celebró en París la llamada
Conferencia de Cooperación económica europea, a la que no asistieron
Rusia ni los países satélites. Este hecho sirvió hacer más manifiesta
la ruptura de Europa en dos bloques antagónicos: el de Oriente y el
de Occidente. La conferencia tiene por finalidad establecer en Europa
un sistema de cooperación económica y señalar sus recursos y sus necesidades,
a las que los Estados Unidos ayudarán con la concesión de créditos
a largo plazo, en divisas, en alimentos, en maquinaria o en materias
primas. Con ello, Europa volverá a ser el gran centro productor y
el gran mercado consumidor, y los Estados Unidos aprovecharán ese
mercado para dar salida a sus productos, evitando, como consecuencia,
el problema del paro. El Plan Marshall viene a ser para la Europa
de la posguerra lo que fue para los aliados la ley de Préstamos y
Arriendo en la guerra, aunque con finalidades bien distintas. En la
Conferencia de Londres del 23 de febrero de 1948 fue incluida Alemania
en el Plan, al que los Estados Unidos concedieron un crédito de 5.300
millones de dólares para la primera anualidad. Y el 15 de marzo se
inauguró en París la Conferencia de las 16 naciones que participan
en dicho Plan. Al finalizar el año ya se conoció la eficacia de la
ayuda americana, principalmente en Italia y Francia, tanto en la recuperación
económica como en el orden social y político. El Plan Marshall constituyó
el mejor aglutinante contra el comunismo: alivió la situación alimenticia,
hizo posible la reconstrucción de las economías nacionales, favoreció
la marcha hacia la normalidad y dio estímulos a los gobiernos de los
países beneficiarios. Problema
político
En
la política exterior de Rusia hay una línea invariable: el viejo anhelo
de expandirse hacia el oeste y hacia el sur, con el doble objeto de
incorporarse a los pueblos eslavos (paneslavismo) y de romper el 0
marítimo que sufre, con un mar helado gran parte del año, al norte,
y con las entradas al Báltico y al Negro (Skager Rak y Kattegat y
Dardanelos) en poder de potencias extranjeras. Las circunstancias
que concurren en la marcha de la guerra y en la victoria favorecen
la realización de gran parte de estas aspiraciones. Antes de terminar
la contienda, se abre ya un período de crisis en la política de muchos
pueblos, que al ser liberados del llamado orden nuevo se plantean
problemas políticos, de difícil solución en su mayor número. En algunos
ha cambiado el régimen, y en todos ellos aparece el fenómeno del colaboracionismo,
instrumento hábilmente utilizado por los partidos políticos de la
extrema izquierda para sus fines, que coinciden con los intereses
rusos. En términos generales puede afirmarse que muchos de los éxitos
políticos de los rusos han sido facilitados por los llamados movimientos
de resistencia, como instrumentos activos, y por el colaboracionismo,
como argumento pasivo. Acabada la contienda, hay dos potencias que
proyectan su influencia sobre el mundo: Norteamérica y Rusia. La primera
favorece la idea democrática y facilita su expresión por los poderosos
medios con que cuenta. La segunda es la rectora de un partido internacional:
el comunismo. Esta última toma todas las medidas que considera pertinentes
para asimilar los países que caen bajo su acción inmediata, conformándolos
gradualmente hasta convertirlos en satélites que giran solamente alrededor
de la órbita rusa. Ante esta experiencia, Norteamérica y las naciones
democráticas toman también las resoluciones adecuadas a su defensa
y se unen cada día con mayor cohesión. Y así se fueron perfilando
los dos bloques de naciones: el oriental y el occidental. La piedra
de toque fueron las Conferencias internacionales, en las que se pusieron
de manifiesto, cada vez con mayor agudeza, la divergencia de pensamientos
y la incompatibilidad de intereses. El instrumento más eficaz para
la conformación del bloque oriental fue la idea comunista, y el mejor
aglutinante del occidental, el Plan Marshall.
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